¿Con todos los que hay? Esa pregunta me he estado haciendo estos últimos años cada vez que la idea de crear un blog me rondaba la cabeza. Y hasta ahora, la respuesta siempre había sido la misma: “Es cierto, si ya hay miles…”.

¿Qué ha cambiado entonces para que finalmente haya dado el paso ? Creo que nada. Sigo pensando lo mismo, sigo teniendo las mismas dudas y los mismos miedos: a no resultar interesante, a que se considere un acto de vanidad (¡nada más lejos de la realidad!), sigo creyendo que hay muchos blogs, pero… ¡este es el mío!. Seguramente peor que muchos, pero también, es posible que mejor que algunos, eso sí, hecho con mucha humildad y poniendo todo mi cariño en lo que escriba.

Busco con este blog, dar salida y expresar muchas ideas que hasta ahora solo estaban dentro de mí. Si estas ideas, reflexiones, anécdotas, experiencias… pueden servir de ayuda, inspiración o apoyo a alguna de las personas que algún día puedan llegar a leerme, será el mejor regalo. ¡No aspiro a tanto! Solo pretendo desarrollar una faceta de mí que hasta ahora ha estado en segundo plano, pero que es la que más feliz me hace. Así que, aquí voy a estar cada vez que tenga algo que contar, porque eso es lo que más me gusta, contar cosas. Si consigo que lleguen a alguien… ¡doble alegría!.

¿Sobre qué voy a hablar? De todo aquello que me gusta, de libros, de decoración, de manualidades, de moda, de viajes… y de cosas que me preocupan y de otras que ya han dejado de preocuparme y de las que me empezarán a preocupar en breve… Eso sí, siempre desde la perspectiva de “una de cincuenta”, porque en mi humilde opinión ¡estamos un poquito olvidadas!

Dicho esto, ¡Empezamos!

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Soy una mujer del 67, sí, como Julia Roberts, pero de esta galaxia. Me gusta el café, los cuadros bonitos, los libros que me tocan el corazón y las películas que me alegran la vida, las ciudades que hacen que el tiempo se detenga y las personas que sonríen. ¡Ah! Y mis hijas, sobre todo me gustan mis hijas.

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Siempre he creído que nací veinte inviernos antes de lo que me tocaba. ¿Por qué creéis que digo esto? Porque por nacer al final de los años 60, me vi obligada a que mi juventud transcurriese en los terribles años 80. Sí, sí, he dicho terribles. Cada vez que oigo o leo que alguien (normalmente alguien muuuuy joven), confiesa que adora la moda de los 80 o el estilo de los 80, no puedo evitar pensar que es porque no le tocó vivirlos. No se me ocurre otra razón.

En primer lugar, algo que seguramente no saben los que no vivieron en los 80, es que a mi generación le tocó estudiar una carrera que “tuviera salida”. No se hacen idea de lo determinante que fue eso para muchos de nosotros. Teníamos tanto miedo a no poder conseguir nunca un trabajo, que muchas veces sacrificábamos nuestra vocación. A esto hay que añadir la poquísima oferta de titulaciones (¡los más osados de mi curso estudiaron informática!). Con esa situación, muy pocos fueron los que optaron por elegir una profesión relacionada con el arte, la cultura, la creatividad, la moda o cualquier otra cosa que no estuviera asociada a la posibilidad de obtener un empleo estable y a poder ser por cuenta ajena.

Esa es mi primera frustración y la causa de que mi profesión, a pesar de que me gusta y de que me considero afortunada de haber podido ejercerla (otras muchas no tuvieron tanta suerte),  no me haga tan feliz como hubiera podido ser dedicándome a otra actividad más creativa.

¡Me hubiera encantado poder elegir mi futuro de otra manera! Haber sentido más libertad, haber podido contar con la oferta que existe ahora, haber tenido la audacia de tomar otras decisiones y sobre todo, el ánimo de luchar por lo que realmente me gustaba, aunque no tuviera asegurado el futuro.

En segundo lugar, mi otra frustración, y esta casi alcanza la categoría de TRAUMA, es la moda de los 80.  Solo alguien que no ha llevado las hombreras sujetas con los tirantes de la ropa interior, puede decir que le encanta la moda de los 80. Sí, sí,  porque llevábamos hombreras en las camisetas, en las camisas, en los jerseys, en las cazadoras, en las blazers, en los abrigos… y si alguna prenda no tenía hombreras… ¡se las poníamos! Y llevábamos los calcetines conjuntados con los jerseys y nos pasábamos por el pelo las planchas onduladas y nos hacíamos permanentes “superprietas”, ¿quién puede decir que le gusta la moda de los 80? Yo, no. Y es que, además, no fue una moda pasajera, NOOOO, duró muuuuuuchos años, aunque, ahora que lo pienso, los 90 no fueron mejores…. (sí, yo también me he acordado de … ¡los chandals de tactel!).

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Pero, sin ninguna duda, lo peor de mi juventud, en lo que a moda se refiere, no fue que las tendencias que se llevaban fueran más o menos creativas o favorecedoras, sino que la moda era muy poco variada. Cada temporada se llevaban una o dos tendencias e íbamos todas uniformadas, sin que nadie tuviese en cuenta que ninguna prenda, ni ningún color, favorece a todo el mundo. Si era el combo rojo + negro, todos los escaparates estaban llenos de rojo y negro: pantalón negro con jersey rojo, o falda roja con camisa negra, abrigo rojo y blazer negro… Un verano que se llevaron los colores pastel, íbamos todas como algodones de azúcar. ¿Y qué me decís de los vaqueros y de las zapatillas deportivas? Estaban “condenados” a ir juntos y relegados a los looks menos favorecedores. ¡¡ IMPERDONABLE !!

Nuestra juventud, esa época en la que todas teníamos ganas de innovar, osadía para arriesgar y un cuerpo que, más o menos, aguantaba cualquier estilo, estuvo condicionada y limitada por una moda que nos ofrecía muy pocas posibilidades para expresarnos, menos aún para distinguirnos y que no tenía en cuenta que todas éramos diferentes y necesitábamos cosas distintas. ¡No nos merecíamos una moda como la que nos tocó vivir! ¿A que no?

Afortunadamente las cosas han cambiado, la oferta ahora es tan amplia y variada que cualquiera puede encontrar el estilo que le gusta y las prendas que le favorecen, y aún estamos a tiempo de poder disfrutar de ello, aunque seguramente a los cincuenta el cuerpo ya no aguanta casi todo… ¡¡DEBEMOS SEGUIR TENIENDO LA OSADIA SUFICIENTE PARA ELEGIR AQUELLO QUE NOS GUSTE!!  Estamos a tiempo, nunca es tarde.

Hasta pronto,

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