Creo que el desayuno es mi comida favorita. Nunca salgo de casa sin desayunar. Lo necesito. Si tengo prisa prefiero renunciar a otra cosa antes que a mi desayuno.

Este gesto que durante la semana resulta rutinario, se convierte en algo maravilloso los fines de semana. Si desayunar “sin más” me gusta, desayunar tranquila, sin estar pendiente de la hora, leyendo y, si el tiempo lo permite, hacerlo en el balcón… eso ya ¡me “requeteencanta”!

Además, me gusta desayunar en casa. Reconozco que los desayunos en esos locales tan acogedores, tan bien decorados y con tanta variedad de cosas, tienen muchísimo encanto (sobre todo hay que valorar que no tienes que preparártelo tú misma), pero lo dejo solo para cuando estoy de viaje. Me pasa lo mismo que con los Starbucks, son sitios que asocio con viajes, vacaciones, otras ciudades. Salvo en estas ocasiones, prefiero desayunar en casa. Me da mucha pereza prepararme, salir y llegar al sitio elegido, porque no todas somos tan afortunadas de tener justo debajo de casa un local estupendo con unos desayunos maravillosos. Además se me hace largo, me gusta desayunar recién levantada, en pijama, que sea la primera cosa que hago cada día.

Sé que no soy la única persona que adora los desayunos, así que se me ha ocurrido hacer una serie de posts sobre este tema. Cada domingo lo dedicaré a un desayuno saludable (bueno vale, pero solo porque me lo estáis pidiendo todas ¿eh?, algunos días haré concesiones…. al dulce). Os contaré distintas posibilidades de desayunos incluyendo la forma de prepararlos y de presentarlos, porque soy de las que cree que un desayuno bonito sabe más rico. También intentaré daros toda la información que pueda sobre los alimentos que incluya en cada uno.

Los desayunos que voy a presentaros, están “diseñados” siguiendo las pautas que dan en un libro estupendo titulado “¿Soy yo o es que aquí hace mucho calor?” escrito por Charo Izquierdo y Laura R. de Galarreta y publicado por Planeta, que trata de una manera fantástica los principales aspectos de la menopausia, entre ellos la alimentación. En relación al desayuno, propone elegir una opción de entre estas dos:

Opción 1: Fruta fresca (kiwi, melón, piña o naranja) y tostada con dos lonchas de pavo o una loncha de jamón Serrano ibérico o una porción de queso fresco o medio aguacate. Café o té con leche semi o desnatada enriquecida con omega 3 (opcional recomendado).

Opción 2: Fruta fresca y un bol de leche semidesnatada o un yogurt con dos puñados de copos de avena.

Hoy para empezar, os voy a presentar mi desayuno “Monday to Friday”. Vereis que no me complico mucho, porque como ya os he dicho, no puedo dedicarle todo el tiempo que me gustaría, pero sí que incluyo un poco de todo lo que nos dicen que debemos comer, excepto lácteos, antes los tomaba pero no me sentaban demasiado bien por la mañana, así que he dejado de hacerlo y me encuentro mejor.

Siempre tomo un zumo de naranja y pomelo rosa, en una proporción de tres partes de naranja por una de pomelo. Las propiedades de la naranja son de sobra conocidas: favorece el movimiento intestinal y la eliminación de toxinas, minimiza la cantidad de radicales libres en el cuerpo, y contiene ácido fólico y vitamina C, con importantes propiedades antioxidantes. Entre las del pomelo se puede destacar que es una fuente importante de licopeno, minerales y que ayuda a reducir el colesterol. Debo confesar que empecé a añadir pomelo al zumo porque lo probé en una cafetería y me gustó mucho, fue después cuando descubrí sus propiedades.

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Además del zumo, tomo una tostada de pan con aceite de oliva virgen. Voy variando el tipo de pan, de cereales, con semillas, de maíz o de centeno, de espelta… hoy en día es una gozada la cantidad de panes diferentes que hay. Si que intento que sea un buen pan, esos que elaboran ahora con masa madre en las panaderías artesanas. Es el único pan que como en todo el día así que prefiero que sea de calidad.

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Lo mismo me pasa con el aceite, procuro ir probando distintos aceites, unos que compro y otros que me regalan familiares y amigos cuando hacen alguna escapadita por ahí. Qué de moda se ha puesto regalar ese tipo de cosas, ¿verdad? Aceite, sal, especias… Antes te traían “souvenirs”… ¡buen cambio!

Cuando el pan no es de semillas, suelo añadírselas yo. Las descubrí por casualidad desayunando en una cafetería de Madrid (Faborit) y me gustaron tanto que ahora las uso todos los días. Voy alternando las de amapola (mis favoritas), con las de lino, las de chía o las de sésamo, a veces las mezclo… Ya os iré contando las propiedades de cada una de ellas.

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Junto con la tostada, tomo 2 o 3 lonchas de pavo, unos días de jamón y otras pechuga, para aportar proteína y para terminar un café. Aunque me gusta mucho el té, nunca lo tomo en el desayuno, prefiero dejarlo para media mañana o media tarde. No añado nunca ni leche ni azúcar al café de la mañana, le pongo un poquito de leche condensada que hace las dos funciones juntas (lo sé, lo sé… pero hay adicciones que son difíciles de superar, ¡nadie es perfecta!). Por cierto, es curioso el cambio radical de criterio que ha habido respecto del café (en realidad, en el tema de la alimentación se está casi constantemente cambiando de criterio…) ahora toca que el café es buenísimo y que hay que tomar tres tazas al día. Sea o no así, lo cierto es que ahora tomamos nuestros cafecitos con más tranquilidad… ¿a que sí?

Hasta pronto,

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2 comentarios en ““Esos” desayunos…

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