Me gusta mucho la moda, me encanta. Le dedico mucho tiempo, desde muy jovencita leo revistas, ahora sigo blogs, observo a la gente por la calle, entro en tiendas, imagino distintas combinaciones de ropa… Pero he de confesaros que me ha costado muchos años asumirlo sin complejos. Esta es una de las ventajas de ir cumpliendo años, que empiezas a considerar más importante lo que piensas tú que lo que piensan los demás, y sobre todo que te interesa mucho más lo que tú piensas de ti que lo que los demás piensan de ti. ¡Y os aseguro que es muy liberador!

Estoy un poco harta de clichés. Dicen que la moda es algo superficial, que banaliza, que cosifica a la mujer e incluso cosas tan fuertes como que la esclaviza. Bueno, bueno… Un poquito de mesura, ¿no? Y dedicar una media de 3 horas diarias al cuidado del hogar y de la familia, ¿no nos esclaviza?

No hay que confundir las cosas. Nunca diría de mí que soy superficial, me considero una persona con valores, así me han educado y así estoy educando a mis hijas. Estoy comprometida socialmente y colaboro con organizaciones de ámbitos muy diferentes, pero también me gusta verme “guapa”. No creo que una cosa sea incompatible con la otra.

Nunca antepondré una persona bien vestida a una buena persona, ni juzgaré a una persona por su manera de vestir (en realidad nunca he juzgado a nadie, no soy jueza, es una manera de hablar). Pero esta actitud debería ser bidireccional, quiero decir que ni juzgo, ni quiero que me juzguen. Una persona no está más o menos capacitada por su forma de vestir y ya está. A partir de ahí que cada una se sienta libre de hacer lo que más le guste.

Me parece muy respetable que muchas personas no den ninguna importancia al hecho de vestirse, tan respetable como que sí se la den. En mi caso lo entiendo como un hobby o una afición más, no me obsesiona, ni me quita el sueño, ni me supone un dispendio. La moda tiene para mí un componente meramente estético. En el poco tiempo que llevamos juntas, os he hablado más de una vez de que me gustan las cosas bonitas. Hay cosas que son bonitas de por sí y en ello radica su valor: los libros, los cuadros, las esculturas, los edificios, las flores. Otras cosas sin embargo, no necesitan ser bonitas, pero mejoran con la belleza: una mesa bien puesta, una casa bien decorada, por nombrar algunas.

Sé que es una opinión muy personal. A mí me gusta vestirme, me divierte, y creo que eso suma, no considero que me reste valor como persona, como mujer ni como miembro de la sociedad.

Aclarado todo esto, lo que quería decir es que sí, que en el blog también voy a hablar de moda. Os voy a contar las dudas que me van surgiendo y las soluciones, si es que he sido capaz de encontrarlas, claro. Procuraré daros ideas, por si alguna os sirve, comentaros prendas que me han gustado… De esta manera el tiempo que yo dedique a pensar puede resultar una buena inversión si os ayuda a alguna.

Ahora sí. Todo muy modesto, ¡no esperéis grandes marcas! Soy una asalariada, descendiente de una vasta saga de asalariados, o sea, sin fortuna previa y por lo tanto con un presupuesto limitado. Blogs llenos de prendas maravillosas, bolsos alucinantes y zapatos de ensueño, hay muchos, totalmente fuera del alcance del 90% de nosotras, tanto por presupuesto, como por edad, por talla, por estilo de vida (¡no me veo yo yendo al trabajo con un Gucci!). Por eso voy a centrarme en prendas al alcance de ese 90% excluido de los anteriores, y sobre todo en intentar demostrar que cada prenda puede tener más vida de la que pensamos. Muchas veces nos aburrimos de nuestra ropa porque tendemos a usarla siempre de la misma manera, si somos capaces de verle más posibilidades, volveremos a darle otra oportunidad, lo que supondrá no estar constantemente sintiendo que necesitamos más ropa y no decir tan a menudo “¡no tengo qué ponerme!”

Si os sirve de idea, yo recorto de las revistas los looks que me gustan para intentar reproducirlos con la ropa que ya tengo o para que me inspiren a la hora de hacer la “lista de la compra”.

Para empezar con las ideas os voy a contar cómo una falda muy económica comprada en una tienda desconocida, me ha dado muchas satisfacciones. Se trata de una falda midi (en mi caso, las faldas más cortas las dejo para el invierno con medias), asimétrica, de vichy blanco y negro (una combinación de colores tan básica que le otorga cierta sobriedad y que hace que admita mil combinaciones) y que tiene un volante que va desde arriba hasta abajo el cual le da muchísima gracia a una falda que, de no ser así resultaría muy sosa.

Pues bien, durante este invierno la he usado para ir a trabajar con camisa blanca, una blazer negra y unos zapatos destalonados con piel, y también me la he puesto, para momentos más informales, con un jersey de cuello vuelto, la biker de cuero negro y unos botines acharolados. En ambos casos, los días de más frío me ponía por encima un abrigo, la moda oversize de este año lo ha facilitado mucho.

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Y ahora que se acerca la primavera, me la voy a poner para ir a trabajar con un jersey de punto de un color muy chulo (como berenjena) y unos mocasines destalonados y para los planes casual con camiseta blanca, cazadora vaquera y zapas también blancas.

winter-of-67-falda-midi-chaqueta-vaquera-jersey-casual.png

¿Qué os parece el resultado? A mí me parece que la falda ha sido bastante rentable, la verdad.

¡Ánimo! Probad vosotras combinaciones de este estilo, y si queréis que os eche una mano, dejadlo en comentarios y os contestaré encantada.

Hasta ponto,

winter-of-67-signature

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