Ya os he comentado en algún post anterior que, junto con los libros, la papelería es otra de mis grandes aficiones. Lo malo es que me gusta todo y ¡lo compro todo! Los botes para meter los bolis cada vez son mas anchos y ahora necesito una caja para guardar lo que antes me cabía en un cajón del escritorio. Bolis, rotus, lápices, acuarelas, libretas, cintas, pegatinas… ¡Todo!

Si mi predisposición natural ya fuera poco, además en el mundo de YouTube e Instragram hay cientos, incluso miles de tutoriales de todo tipo de manualidades relacionadas con la papelería, y tiendas on-line que venden más cosas de las que era capaz de imaginar.

Pero si tuviera que quedarme con una sola cosa de todo este mundo, me quedaría con las libretas o agendas y todas las actividades que giran alrededor de ellas: forrarlas, decorarlas… ¡Me paso horas!

Cuando eres tan pesada como yo con este tema, te ocurre que llega un momento en el que no encuentras la agenda perfecta. La que te gusta por fuera porque tiene una portada bonita, no te gusta como viene distribuida por dentro o al contrario, si por dentro se ajusta a lo que quieres, resulta que la portada no es tan bonita como quisieras. En mi caso la solución ha sido elegir la que me gusta por dentro y después forrarla a mi gusto.

Es muy fácil. Todas hemos forrado nuestros libros y carpetas cuando éramos jóvenes y seguro que también nos ha tocado forrar los libros de nuestros hijos cuando eran pequeños. Pues es lo mismo. Se parte de ahí y se puede evolucionar hasta donde se quiera. Como suelen decir: “el límite es tu imaginación”

La forma más sencilla de forrar algo, ya sea una agenda, un cuaderno o esas libretas de propaganda que nos regalan y que son feas pero pueden resultar útiles, es utilizar papeles. Pueden ser papeles de regalo o los que venden para manualidades. Además, para darles un toque más especial, se pueden añadir detalles como stickers (las pegatinas de toda la vida) o cintas de whasi tape. Venden muchas y a precios muy asequibles en tiendas como Tiger, Hema o Muy Mucho.

Os voy a enseñar unos ejemplos sencillitos. En la foto de la izquierda está el material que he utilizado y en la de la derecha el resultado. Como veis es muy fácil y hay miles de combinaciones para todos los gustos, desde los más sobrios hasta los más llamativos.

Otra manera de hacerlo, también fácil pero un poco más laboriosa aunque mucho más creativa y económica, es utilizar recortes de revistas. Si nunca os habéis puesto a pensarlo no os hacéis una idea de las muchas posibilidades que hay. Tenemos paisajes, tramas, letras, frases, dibujos. La publicidad es una fuente inagotable de material.

Para forrar de esta manera, hay que empezar poniendo un fondo para cubrir toda la superficie. Normalmente suelo poner fotos de ciudades o de paisajes, unas veces en color y otras en blanco y negro. Después voy añadiendo letras, dibujos, pegatinas o frases que encuentro en la publi. Procuro contrastar los colores o coordinarlos según el efecto que quiera conseguir o el gusto de la persona para la que vaya a ser la agenda. El resultado es impresionante y sobre todo UNICO, no hay dos iguales y te permite personalizarlas totalmente. ¿Cómo? Pues eligiendo imágenes que estén relacionadas con el receptor de la agenda o con el fin de la misma. Grupos musicales, actores o actrices, las ciudades favoritas, el deporte que practica, la carrera que estudia, su nombre, horóscopo, día que ha nacido o cualquier cosa que pueda ser importante.

Todos los años forro las agendas de mis sobrinas, las de mis hijas, la mía y la de alguna amiga, así que estoy cogiendo mucha práctica. Os enseño algunas de este año.

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Como veis quedan muy vistosas, pero lo más bonito de esta técnica, es que son exclusivas y tienen un toque sentimental porque están hechas pensando en quien va a recibirlas.

Una técnica intermedia entre ambas es utilizar un papel para hacer el fondo y luego añadir el resto de cosas. Es más fácil que construir un fondo coordinando fotos y también queda chulo, mirad un ejemplo.

Una vez acabadas, las cubro con plástico adhesivo para que no se estropeen.

Es una actividad muy entretenida, que desarrolla mucho la creatividad, sirve para ocupar ratitos de ocio y a pesar de ser muy sencilla, resulta útil para cuando quieres tener un detalle sencillo con alguna persona. En mi caso, la experiencia de regalar este tipo de libretitas ha sido muy emotiva. Siempre han gustado y han apreciado mucho el hecho de que sea algo hecho por mí y pensando en la persona concreta a la que va dirigido. Es una sensación muy gratificante.

Espero que os haya gustado y que os animéis a hacer este tipo de cosas. Si no os atrevéis o necesitáis que os eche una mano, me lo decís. Y si queréis tener un detalle con alguien puedo ayudaros.

Hasta pronto.

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