El otro día cayó en mis manos una revista publicitaria de la marca Rituals. En ella Raymond Cloosterman el fundador y CEO de la empresa escribe un artículo titulado “Para conseguir lo que quieres tienes que darlo primero”. Es un artículo cortito, pero me gustó mucho y me hizo sentir bien y reflexionar un poco. En él cuenta que la frase que da título al artículo es para él una de las lecciones más importantes de su vida y que la aprendió en una charla de Deepak Chopra. (*)

Continúa diciendo: “Con los años, he llegado a comprender que no tiene por qué ser algo grande o sorprendente, un pequeño gesto tiene el poder de crear un gran impacto. Una sonrisa de un extraño, alguien que escucha tus problemas o una mano amiga cuando te sientes sobrepasado. Respeto, sea cual sea tu estatura, creencias, edad o logros. Estas son las cosas que potencian la positividad y, a su vez, crean un efecto de onda expansiva.” (Raymond Cloosterman)

Coincido absolutamente con este pensamiento. Siempre he creído en el poder terapéutico de una sonrisa, pero cada día estoy más convencida de ello. No sólo del valor de la sonrisa, sino también del de la palabra. Desde hace tiempo intento hablar más con las personas que están a mi alrededor, aunque no las conozca: con la dependienta de una tienda, con el cartero, con el chico que trae el pedido del súper, con la señora que está delante de mí en la cola del cine o con el anciano que está como yo esperando a que abran el banco.

Me disgusta terriblemente que no nos hablemos, que casi ni nos miremos, pocas cosas me resultan más violentas que estar en un ascensor evitando la mirada de la persona que tengo a treinta centímetros de mí. He aprendido y ahora me cuesta muy poco ofrecer mi ayuda o pedirla si la necesito, así como agradecer cuando alguien me ayuda o se preocupa por mí. Qué poco practicamos la gratitud y qué poco se valora hoy en día. Nos enseñan a dar las gracias por educación y damos las gracias por costumbre, pero no nos enseñan a sentir gratitud, ni nos cuentan lo bien que sienta considerarnos afortunados por lo que tenemos y sobre todo por lo que somos. Hemos tenido la suerte de nacer en esta parte del mundo y ese simple hecho en el que no tenemos nada que ver, ni participamos, supone que nuestra vida es infinitamente mejor y más larga que la de muchos millones de personas. Si yo hubiera nacido unos kilómetros más al sur, estaría llegando al final de mi vida, eso suponiendo que no hubiera fallecido en el parto, por ejemplo. ¿No es este un motivo suficiente para sentirme agradecida?

Es cierto que el paso de los años nos hace perder el miedo al que dirán y eso ayuda a no tener vergüenza para hacer o decir ciertas cosas, pero también es cierto que el propio paso del tiempo nos hace valorar más el “calor humano” y ser capaces de ver el lado bueno de las cosas y sobre todo de las personas. Recuerdo que cuando era joven, cuando sin querer pisaba o empujaba a alguien, me limitaba a pedir perdón, pero casi de pasada y sin interactuar con la persona. Ahora sin embargo, no solo me disculpo, también pregunto si le he hecho daño, si está bien… y si me lo hacen a mí, siempre procuro sonreír y decir que estoy bien. Cuesta lo mismo, pero te sientes mejor. Es un pequeño gesto de humildad y también de humanidad, algo que cada vez me resulta más reconfortante y más necesario.

En mi faceta como madre, siempre he insistido mucho en este aspecto y he comprobado que el ejemplo (aunque en una época concreta de la vida de nuestros hijos les haga sentir vergüenza ajena) sirve, y me gusta creer que con estos gestos estamos contribuyendo (a muy pequeña escala, ya lo sé) a hacer que el mundo sea un poquito más humano y en definitiva, un poquito mejor. Por eso me gusta tanto el anuncio de Toyota, me veo reflejada en la figura del padre.

He de reconocer que estamos avanzando mucho en este aspecto. Ahora, algo que era impensable hace unos años, la gente te desea que tengas un buen día, el have a nice day que solo oías cuando viajabas fuera, hoy te lo dice el panadero, el empleado de la agencia de viajes y la señora del kiosko… Puede que sea simplemente una herramienta de marketing, pero me vale, porque casi sin darnos cuenta lo interiorizamos y a su vez, nosotros se lo decimos al vecino que nos encontramos en el portal o cuando saludamos al compañero de trabajo que nos cruzamos por el pasillo y los niños en el colegio se desean buen “finde”. Y si tú lo dices, te lo dicen a ti y de esta manera, sin buscarlo, creamos mejor ambiente con algo que, si lo piensas bien, cuesta muy poquito.

winter-of-67-karma

Volviendo al artículo, en él también se habla del término Namasté. Una palabra en sánscrito antiguo que significa “me inclino ante ti” y que lejos de lo que yo creía, no es un término religioso, sino una expresión de profundo respeto, hacia uno mismo, hacia los demás y hacia el mundo que nos rodea. Confieso que nunca me he considerado una persona excesivamente espiritual, de hecho, esta parte era en la que menos cómoda me sentí durante los meses que estuve asistiendo a clases de yoga, sin embargo, sí que creo que lo que haces y cómo lo haces vuelve a ti. Llámalo Karma o llámalo “recoges lo que siembras”. Creo que el mal ambiente genera mal ambiente y que la alegría produce alegría, del mismo modo, creo que es difícil tratar mal a quien te trata bien y entiendo que solo si tú respetas estás en condiciones de pedir respeto. Merece la pena que todos pongamos un poco de nuestra parte, ¿no?

Para terminar mi reflexión de hoy os voy a transcribir las palabras con las que el autor termina su artículo y que recogen perfectamente lo que pienso:

“Así que la próxima vez que desees algo, pregúntate primero: ¿Qué doy yo? ¿Quieres respeto? Muéstralo a otros y expresa tu gratitud. ¿Quieres bondad? Sé amable, no importa como te trate la gente. ¿Quieres felicidad? Haz felices a otras personas. ¿Quieres sentirte amado? Abre tu corazón y da amor sin pedir nada a cambio.

Después de todo, ¿qué puedes perder haciéndolo? En el peor de los casos, le das a alguien un pequeño momento de felicidad. En el mejor de los casos, será como un boomerang que volverá a ti.” (Raymond Cloosterman)

Namasté.

Hasta pronto.

winter-of-67-signature

(*) Por cierto, yo no conocía a Deepak Chopra. Es un reconocido pionero de la medicina integrativa y la transformación personal. La revista TIME le ha descrito como uno de los cien mejores héroes e iconos del siglo. Es médico especializado en Endocrinología, Medicina Interna y Metabolismo, aunque tiene bastantes detractores en el ámbito de la medicina. Tiene publicados más de ochenta libros e imparte numerosas conferencias sobre espiritualidad y sobre el poder del pensamiento.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s