En uno de mis primeros posts hablaba sobre mi amor por los libros y mi relación con la lectura. En él confesaba (sin avergonzarme) que no todo lo que leo son obras de premio nobel y también, que leía para mí. Decía además, que leer era un acto íntimo.

Vuelvo a esta idea porque hace algún tiempo leí en una columna que Amaya Ascunce escribe todos los meses en la revista ELLE (*) la siguiente reflexión:

Hay personas para las que, si un libro se lee fácil, no es un buen libro. Yo no soy de esas personas. No necesito filigranas retóricas, grandes tomos, metáforas descolgándose de párrafo en párrafo, ni historias intensas con años de documentación detrás. Tampoco ejercicios estilísticos y arquitectónicos con las palabras que levanten alabanzas sobre el escritor: ¡Qué proeza!¡Miren ese precioso adjetivo cómo se lanza en picado!. A los libros solo les pido que, al pasar la última página, me sienta un poco huérfana sin los personajes que habitan en ellos, que se me peguen a la piel, y me meta en la cama con sus historias (que ya son mis historias) dando vueltas en mi cabeza.

Yo no supe decirlo tan bonito (¡ya me hubiese gustado!), pero era a eso a lo que me refería. Me ha alegrado mucho leerlo porque, además de ver que no tengo unas ideas tan descabelladas, me ha hecho ver otra forma de valorar la literatura. Yo soy más de historias y ella, más de personajes, pero al final, la idea es la misma…¿Quién decide qué libro es bueno? Solo la persona que lo lee, porque solo nosotros sabemos lo que buscamos y lo que encontramos al final en cada libro. Unas veces encuentras lo que buscas y otras encuentras algo que no buscabas, pero que también te gusta, o te divierte, o te entretiene o te evade de una determinada situación. Eso es para mi lo más importante.

Estas vacaciones he tenido tiempo de leer más, para mí eso es lo mejor de las vacaciones, leer sin prisas, sin tener la sensación de estar robando tiempo a otras tareas, leer en un entorno distinto, al aire libre. No todo han sido buenas elecciones, que más quisiera yo que tener el poder de elegir siempre el libro perfecto. Quizá si me encontrara con un personaje que aparece en uno de los libros que he leído este mes…

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Es un párrafo de La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos, publicado por Penguin Random House. Es una especie de novela de misterio, sobre escritores, editores y bibliotecarios. Habla de libros y de personas que aman los libros. ¿Qué más puedo pedir? Pero además es divertida, romántica, melancólica y tiene intriga. Me ha encantando, tanto que la he leído dos veces: la primera con premura para descubrir el misterio, y la segunda con calma para disfrutar de la escritura, de los detalles, de las simpáticas notas a pie de página. ¡Un gran acierto!

David Foenkinos es también el autor de La delicadeza, si no lo habéis leído, os invito a ello, yo lo disfruté muchísimo.

Otra novela que he leído es La niña alemana de Armando Lucas Correa, publicado también por Penguin Random House. No se cómo expresar lo que me ha supuesto leer este libro. ¡Ha sido terrible! Muy duro. Es una novela inspirada en hechos reales que está contada en primera persona y narra la historia de una niña judía alemana que escapó de Berlín y llegó a La Habana a bordo del St. Louis y que a pesar de sobrevivir, fue víctima de una vida larga y dolorosa, marcada por el horror vivido en su infancia. Desde mi ignorancia, siempre había considerado afortunados a los que lograron sobrevivir, nada más lejos de la realidad.

Y, por último, os voy a hablar de La casa torcida de Agatha Christie. ¿Qué contar de esta autora? Me gusta todo: la ambientación de sus novelas, el carácter de sus personajes, los diálogos, su particular sentido del humor y sobre todo su capacidad de imaginar situaciones, de llevarte siempre a conclusiones erróneas y de sorprenderte siempre con sus finales. Es inevitable pasarte todo el tiempo intentando adivinar quién es el asesino, ¿a que sí? En el prefacio la autora dice que es uno de sus libros favoritos y que escribirlo fue un auténtico placer. Para mí el placer ha sido leerlo. No he visto la película y no lo haré, como siempre que me gusta una novela…

Acabadas las vacaciones, volvemos a la ¿normalidad? a la ¿rutina? Siempre tengo dudas sobre como expresarlo. No creo que las vacaciones deban ser algo fuera de lo normal y en mi mente, la palabra rutina sigue teniendo connotaciones negativas… En cualquier caso, aunque seguro que voy a tener menos posibilidades de leer, espero volver a escribir con la regularidad que tenía antes del verano.

Hasta pronto,

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(*) La columna se llama Club de Lectura y en ella, cada mes recomienda un libro, en este caso el libro elegido fue “Del color de la leche” de Nell Leyshon, pero todos los meses hace unas recomendaciones estupendas.
En el post Madres y no madres, ya hice referencia a Amaya Ascunce y a su libro “Como no ser una dramamamá”, divertidísimo ¡creo que su madre y la mía son la misma persona!

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