Es curioso como ocurren las cosas ¿verdad? Hacía años que no me acordaba para nada de Katharine Hepburn y de repente en muy poco espacio de tiempo, un día me encontré con la carta que os contaba en el post anterior y otro con una biografía suya en el lobby de un hotel.

Así que una vez de nuevo en mi memoria y dado que es uno de esos personajes que me parecen interesantes, me ha apetecido escribir sobre ella. Como os dije (aquí) es mi actriz favorita de todos los tiempos, (en dura pugna con un par de ellas más, como mucho) pero además, me parece una persona muy especial y con una vida verdaderamente interesante. Lástima que las nuevas generaciones no vayan a llegar a conocerla. ¿Quién tiene tiempo de ver pelis antiguas con la cantidad ellas nuevas que hay? ¡Por no hablar de las series!

De ella han trascendido muchas frases que nos dan una idea de su personalidad. Algunas de estas frases, las que me ha parecido que tienen relación con lo que voy escribiendo, las he intercalado en el texto.

Valorando solo su trabajo, me parece una gran actriz. Sus interpretaciones en películas emblemáticas son inolvidables. No en vano recibió 4 Oscars, una cifra que aún no ha sido superada, dándose la curiosa circunstancia de que entre el primero en 1938 por Gloria de un día y el último en 1982 por En el estanque dorado, transcurrieron 44 años. Una anécdota que nos da una pista de su carácter es que solo fue a recoger unos de ellos y que lo hizo en pijama.

¿Quién no se acuerda de esas películas en blanco y negro? Comedias deliciosas, con diálogos divertidos, interpretando siempre a mujeres interesantes… Os confieso que en el cine soy como en literatura, me gusta la luz, las historias alegres, decorados bonitos y vestuarios elegantes, y películas como La fiera de mi niña, Historias de Filadelfia, Adivina quien viene a cenar y otras tantas, reúnen todos esos requisitos. —Actuar es el menor de los talentos. No olvides nunca que no te darán un Nobel por ello y que Shirley Temple lo hacía perfectamente con 4 años. K.H.

Pero esta mujer me atrae no solo por su faceta de actriz, ya he dicho que como mujer me parece muy especial, tanto por su físico como por su personalidad. —Si haces siempre lo que te interesa, por lo menos habrá siempre una persona complacida. K.H.

Tenía una belleza singular, con unas facciones muy marcadas, era elegante y discreta, una mujer que resultaba atractiva sin recurrir al exhibicionismo y sin ordinariez. —Si te dan a escoger entre dinero y atractivo, coge el dinero. Cuando envejezcas, el dinero será tu atractivo. K.H.— Su estilo era único, era ella misma en todas las películas en las que trabajaba, jamás se la veía fuera de su entorno. Llevaba la ropa con gracia, tanto si era ropa cómoda como si eran trajes de noche, por la jungla o en una de esas glamurosas fiestas de los años 50. Fue la primera actriz en usar pantalones en una época en la que nadie lo hacía, de hecho dicen que contribuyó a que se diseñaran pantalones apropiados para las mujeres, por cierto, muy parecidos a los que se llevan ahora y que tanto favorecen, flojitos y con caída.

Su personalidad, que a mí me resulta tan interesante, le granjeó más de una enemistad en su época, —Los enemigos son tan estimulantes. K.H.— precisamente por desafiar las normas que estaban establecidas en la sociedad de entonces. —Si hubiera seguido todas las reglas no hubiera llegado a ninguna parte. K.H.— Sus biógrafos dicen que su carácter se forjó en su infancia, por la educación que recibió de sus padres, cultos, liberales y de clase alta, que fomentaron su libertad y su independencia —Nos enseñan que debemos culpar a nuestros padres, hermanos, a la escuela, los maestros pero nunca a nosotros. La culpa nunca es nuestra. Pero siempre es culpa nuestra, porque si queremos cambiar debemos hacer el esfuerzo. K.H.— Lo cierto es que fue una persona muy celosa de su intimidad, no concedía entrevistas, ni firmaba autógrafos y evitaba los lugares públicos. —La muerte sería un gran alivio. No más entrevistas. K.H. — Tuvo fama de arrogante y no fue hasta su llegada a la madurez cuando mejoró su imagen pública.

Siempre independiente y segura de si misma, descartó volver a casarse —Si desea sacrificar la admiración de muchos hombres por las críticas de uno, contraiga matrimonio. K.H. — y no quiso tener hijos —Ser madre y ama de casa es el trabajo más grande del mundo, pero si no te interesa, no lo hagas. Yo hubiera sido una madre terrible. K.H.— Teniendo en cuenta que estamos hablando de los años 40 y 50, está claro que fue una adelantada a su tiempo, que se enfrentó al sistema establecido y al papel que se había adjudicado a las mujeres. Esto sirvió de ejemplo a muchas mujeres de su época y por ello ha sido reconocida.

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Pero sin duda, lo más celebre de la vida Katharine Hepburn, quizá sea su historia de amor con Spencer Tracy. Se conocieron en la película La mujer del año y no se separaron hasta el fallecimiento de él, 25 años después. —Solo la gente sencilla sabe qué es el amor. La gente complicada trata tanto de causar impresión que pronto agota su talento. K.H.— Nunca convivieron porque el actor, que era católico, jamás se divorció de su mujer, pero a pesar de ello durante todos esos años, se dedicó a él, lo acompañó y ayudó en los momentos malos, ya que era alcohólico y sufría insomnio, y las interrupciones de su carrera coincidieron con los periodos en los que la salud de Spencer Tracy estaba más afectada. A mí siempre me resultó chocante esta relación, más aún cuando ella misma reconoce que nunca le dijo que la quería. No me encaja que una mujer con esa personalidad y ese carácter asumiera una situación tan difícil. Seguramente se explica por la idea que la propia actriz tenía del amor… —Amar no tiene nada que ver con lo que esperas conseguir, solo con lo que esperas dar, es decir, todo. K.H.— Pero lo más curioso de esta historia de amor es que nunca fue pública, nunca trascendió y la actriz solo habló de ella tras el fallecimiento de la mujer de Spencer Tracy.

Su vida continuó muchos años tras la muerte de su amado, siguió trabajando y nos regaló personajes maravillosos como el de Ethel en la premiadísima En el estanque dorado, una de sus últimas películas. Murió muy mayor, con 96 años, el Parkinson la acompañó sus últimos años lo que limitó sus apariciones públicas, pero estuvo activa hasta el final de sus días. —La vida es dura, después de todo, te mata. K.H.

Soy consciente de que estoy hablando de un personaje del que solo conozco lo que me han contado, de sobra sé que todo puede ser mentira o estar manipulado. Ella misma escribió sus memorias “Yo: historias de mi vida”, pero no he tenido la oportunidad de leerlas aunque está dentro de mis propósitos. Si descubro que algo de lo que he contado no es cierto, prometo corregirlo. —Me arrepiento de muchas cosas y estoy segura que todo el mundo lo hace. Si tienes sentido común te arrepientes de las cosas estúpidas que has hecho y si no lo haces, quizá sea porque eres un estúpido. K.H.

Os dejo con un vídeo que recoge las mejores escenas cinematográficas de esta pareja. Disfrutadlo.

Hasta pronto,

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