Leí una vez que Frida Giannini, antigua directora creativa de Gucci decía que a partir de los cuarenta, la mujer no debía enseñar el ombligo. Deduzco de esta afirmación que ¿consideraba que no debíamos usar bikini una vez cumplida esta edad? No sé yo que pensar… Coco Chanel decía que a partir de los 40 se alarga la falda y se acorta la melena, y siempre me ha parecido un buen consejo, pero lo del bikini… ¡no lo tengo yo tan claro!

Ha venido esto a mi mente, porque hemos llegado a esa época del año en la que en el momento en que ofreces algo de comer, siempre obtienes la misma respuesta: estoy con la operación bikini.

Así que, yo con ganas de colaborar y hacer menos costosa esta operación, he decidido hacer algunas propuestas de comidas, fáciles y rápidas, que sean plato único y que engorden lo menos posible. Para ello lo más fácil, sobre todo para las que como yo, no sois grandes cocineras, es partir de platos que normalmente hacemos con pasta y sustituirla por alguna verdura.

A mí la verdura más sencilla para cocinar me parece el calabacín. Es una verdura con un montón de ventajas: no es cara, se conserva bien en el frigorífico, se hace muy rápido porque no es necesario cocerlo previamente -se hace con el agua que el mismo suelta- tiene un sabor tan suave que se adapta a cualquier otro alimento y se puede cocinar de mil maneras. Es la típica verdura que te saca de un apuro, para ese momento de pereza o de no se qué poner para comer, o para esos días que llegas tan cansada, que no quieres ni siquiera pensar en hacer la cena. Yo siempre tengo un par de calabacines en el frigo ¡y me han salvado de muchas!

Hoy os voy a proponer unos “calabacetis”, que no son más que calabacines cortados en tiritas finas. Si no queréis cortarlos vosotras, los venden ya cortados, yo los he visto en la zona de ensaladas del supermercado, pero sinceramente, no creo que merezca la pena pagarlos más caros por el simple hecho de venir ya cortados ¡cuesta poquísimo hacerlo una misma con un cuchillo!

Como estamos hablando de la operación bikini lo lógico es cocinarlo con alimentos que tengan proteína, para estar bien alimentadas, pero que engorden lo menos posible. La receta que os propongo (la de la foto) son unos calabacetis con gambitas y chatka. Pero se harían igual con chirlas o con gulas… Para hacerlo solamente hay que rehogar las gambitas en una sartén con aceite de oliva y unos ajitos, si os gusta un toquecito picante podéis echar un poco de guindilla. Cuando las gambitas cambien de color se añade la chatka y después los calabacetis. Se echa sal y con el agua que van soltando se cocinan. Normalmente cuando se ha evaporado el agua están ya listos y muy blanditos, pero hay quien los prefiere más al dente y los retira antes.

Como veis, en un pis pás tenéis la comida hecha. Otra opción con calabacín es hacer una tortilla, sustituyendo toda o solo una parte de la patata. En este caso se rehoga el calabacín con un poco de aceite de oliva y cebolla, y cuando esté todo blandito, se hace la tortilla como si de patata se tratara. Así eliminamos la patata y casi todo el aceite.

Probadlo si tenéis ocasión y ya me contaréis.

Antes de despedirme os quiero contar un par de “cosas que nos facilitan la vida” en lo relativo a la cocina. Una son los aceites aromatizados y otra es tener siempre en el congelador gambitas, gulas, chirlas y/o chatka.

Me regalaron unas Navidades una caja de aceites aromatizados de La Chinata. Me parecieron la bomba. Nunca antes los había utilizado pero desde entonces no he dejado de hacerlo. Hay un montón de ellos: ajo, trufa, albahaca, limón, guindilla… Para mí son comodísimos, cuando se me acabaron comencé a hacerlos yo misma. El de ajo, por ejemplo, es una gozada: no tienes que pelar y picar los ajos, así te evitas el olor en las manos, no se queman, por lo que no hay peligro de que se ensucie el aceite o coja mal sabor, no tienes que retirar los ajos después, en el caso de que como a mí, no te guste encontrártelos en la comida… Y el de guindilla, también es un imprescindible para mí.

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Son además una idea estupenda para regalar o para llevar cuando te invita alguien a comer o a cenar en su casa.

Y lo de tener esos alimentos en el congelador, lo digo por experiencia propia. ¿Cuántas veces he preparado una pasta con gulas o una tortillita de gambas, un arroz con chirlas… en un momento de frigorífico vacío? Suele ocurrir a la vuelta de vacaciones, cuando coincide que es festivo y no te has dado cuenta ¡precisamente porque estás de vacaciones! o cuando viene alguien a verte y le dices ¿te quedas a comer? Hacedme caso ¡os puede venir muy bien!

Hasta pronto,

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