Siempre me despido del fin de semana leyendo en la versión on-line de la revista Vanity Fair la columna que escribe Javier Aznar titulada “Cosas que me han hecho feliz esta semana”, donde cuenta o explica, a veces solo enuncia y otras muchas veces ilustra, situaciones o cosas -desde libros a exposiciones, comidas, canciones…- que le han alegrado la semana. No hay un domingo que no reserve unos minutos para leerlo, es una manera estupenda de decir adiós al fin de semana y coger alegría para encarar una nueva semana. Si tenéis 10 minutos, no dejéis de pasaros por ahí, merece la pena, en serio.

En una de esas columnas, concretamente en la número 50 del día 21 de Abril de 2019, hacía referencia a una Charla TED de Ana Ribera y decía de ella: “Domina el escenario, es concisa y no cae en la autoindulgencia. Además toca algunos temas importantes que no todo el mundo tiene tan interiorizados”. Es un video que dura 12 minutos, pero me parece una muy buena inversión de vuestro tiempo si os sirve como me ha servido a mí. Esta charla, emotiva y humana, me ha hecho saber de primera mano -contado por alguien que lo ha pasado y sabe realmente de lo que habla- lo que supone sufrir una depresión y superarla, pero además me ha despertado el interés por esta enfermedad de la que, aunque nos parezca mentira ¡ninguna estamos libres! Nos puede tocar a cualquiera.

Después de ver el video, me llama la atención lo muy identificada que me veo cuando nombra los errores en los que normalmente caemos. ¿Quién no ha dicho alguna vez “estoy deprimida” cuando únicamente está triste o decaída, o simplemente está pasando una mala racha? ¿A quién no le ha costado entender que determinadas personas, que creemos deben considerarse afortunadas, sufran una depresión? ¿Quién no ha dicho alguna vez a una persona afectada por esta enfermedad, “anímate”? Cierto es que no creo que ninguno de nosotros pretendamos con esta actitud culpabilizarlos, nada más lejos de nuestra intención, de la mía por lo menos, o que entendamos que su enfermedad es resultado de un capricho, pero las consecuencias son las mismas: no solo no ayudamos, sino que incluso hacemos que se sientan peor.

También Jordi Evole (Salvados) dedicó un programa a esta enfermedad, en él Enric Alvarez, psiquiatra, además de coincidir con lo expresado por Ana Ribera, en el sentido de entender que: “Se ha vulgarizado el término y ahora se llama depresión a cualquier cosa. Lo primero que hay que saber es que la tristeza es una situación perfectamente normal y que la depresión no tiene nada que ver con la tristeza. Es una enfermedad que produce un sufrimiento absolutamente devastador y que no tiene nada que ver con ninguna otra enfermedad”, describía los terribles síntomas, muchos de ellos totalmente desconocidos para mí, de la depresión. Estos son algunos de los que nombraba: “Sería la incapacidad de sentir placer, la intolerancia total a cualquier tipo de stress -la decisión más banal, el comportamiento más sencillo, la responsabilidad más leve es una montaña insoportable-, la intolerancia al dolor -cualquier molestia física es horrible, un dolor de cabeza o la distensión del abdomen después de haber comido-, la alteración de los ciclos circadianos -es decir, la estructura del sueño se ha perdido y aunque duermas no descansas nunca y te despiertas siempre peor que antes de dormir-, la disfunción cognitiva -a nivel intelectual estás totalmente perdido, no tienes memoria, no tienes capacidad de entender, de síntesis, no puedes hacer las funciones ejecutivas elementales del día, programarte el día…

Todo esto y además las ideas que se pasan por la cabeza, todas consecuencia de esto: ideas de culpa, de negación, de que no eres tú  -no te reconoces, eres otra cosa, no eres lo que tú reconoces como tú mismo-, ideas de ruina, de muerte…

La vida es un día tras otro sin que haya nada agradable y encima con todos los       puntos negativos más claros que nunca.

¡Puff! Si la parte humana, contada desde la experiencia propia de Ana Ribera me impactó, la parte médica me dejó desolada. ¡¿Como he podido vivir tantos años desconociendo algo con lo que conviven tantos millones de personas?!  Los testimonios de las personas que aparecen en este programa son terribles, pero muy educativos. Os recomiendo verlo.

Casualmente, el otro día comentaba con unas amigas, que no siempre sabemos tratar a las personas enfermas. Aunque tengamos mucha voluntad y buenas intenciones, no sabemos qué tenemos que decir, ni siquiera si tenemos algo que decir, no sabemos qué necesitan oír o como podemos ayudarles o acompañarles en su enfermedad. Muchas veces recurrimos a la compasión, que creo que es tan negativa como esa normalidad o falta de preocupación que queremos dar a entender otras veces. Las personas enfermas saben perfectamente lo que tienen y sus consecuencias, saben lo que pueden esperar y el camino que deben recorrer, de poco o de nada sirven nuestros intentos de dulcificar o desdramatizar. Somos el resto los que adolecemos de una educación al respecto, nadie nos educa en afectividad o en empatía, en ningún sitio se estudia como ayudar y acompañar a los enfermos y es una pena que en esos momentos tan duros, cuando más calor y apoyo necesitan, seamos tan “inútiles”, no sepamos qué tenemos que hacer o cómo debemos hacerlo. ¿No os parece muy triste? A mí sí y me produce muchísima frustración.

No quiero extenderme, porque no soy una experta y afortunadamente, ni yo ni ninguna persona cercana ha pasado este calvario, no pretendo dar lecciones, solo quiero entonar el mea culpa, no tanto por frivolizar la palabra depresión, sinceramente no tengo costumbre de utilizar esta expresión, pero sí por no haber sabido entender que la depresión es una enfermedad que viene sola y que no siempre está relacionada con la tristeza, y sí por haber caído en el tópico de decir a las personas que se animen y que tengan buena actitud. Lo siento, no era tan consciente como lo soy ahora de lo que realmente supone una depresión. Espero hacerlo mejor de ahora en adelante.

Hasta pronto,

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Post data: La foto de portada pertenece al libro I Had a Black Dog, escrito por Matthew Johnstone, que sufrió depresión y aprovechó su condición de ilustrador para escribir un libro y visibilizar esta enfermedad.

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