Comentaba el otro día aquí, lo poco o más bien nada que me gustan las rutinas, pues bien, parece que el mundo conspira contra mí, porque vivo rodeada de la palabra rutina. Por todas partes, en la televisión, en muchos blogs, otros tantos podcasts, en Instagram… nos hablan de rutinas: rutinas beauty, rutinas de ejercicios, rutinas de mañana y de noche ¡hay hasta tutoriales sobre distintas rutinas! Lo que me llama la atención es que ya nadie le da el sentido negativo que a mí me sugiere esta palabra y que es por cierto, el que hasta hace muy poco tiempo casi todos le dábamos. Curiosamente hasta hace no mucho nos daban consejos precisamente, para vencer la rutina, para salir de la rutina, para que la rutina no nos asfixiara… Ya sé que esto únicamente se debe a las modas en el uso del lenguaje, cuando nos da por utilizar una palabra o una expresión concreta parece que las demás desaparecen: ahora todo es “brutal”, nada empieza, todo “arranca” y “las rutinas” no tienen nada que ver con la rutina. Yo preferiría utilizar otra palabra, ritual por ejemplo, pero bueno, eso es cosa mía.

Se me ha ocurrido hablar sobre este tema porque una tarde, de las muchas que paso en las librerías, me encontré con un libro cuyo título llamó mi atención, no solo por lo largo que es, sino por impactante: “Tu segunda vida empieza cuando descubres que solo tienes una”. ¿Que os parece?

En la contraportada pude leer: ¿Cansada de la rutina? ¿Necesitas dar cuerda a tu vida? ¡Con este manual de coaching camuflado de novela romperás cualquier amago de insatisfacción!  No hay duda de que la autora tiene la misma idea de la rutina que yo. También aparecía este diálogo:                 

                  – Probablemente padece usted de algún tipo de rutinitis aguda

                  – ¿De qué?

                  – Rutinitis aguda. Es una afección del alma que afecta cada vez a más gente en el mundo, sobre todo en Occidente.  Los síntomas son casi siempre los mismos: disminución de la motivación, melancolía crónica, pérdida de referencias y de sentido, dificultad para ser feliz pese a la abundancia de bienes materiales, desencanto, lasitud…

                  – Pero …¿cómo sabe usted todo eso?

                  – Porque soy rutinólogo.

                  – ¿Rutino… qué?

Está escrita por Raphaëlle Giordano, una especialista en coaching, cohesión laboral, y gestión del estrés.

Si pensáis que compré el libro, habéis acertado y si estoy escribiendo esto es porque lo he leído. No puedo decir que sea una obra maestra de la literatura, ni mucho menos, ya nos avisan de que es un manual de coaching camuflado de novela, pero me ha gustado. A grandes rasgos la novela nos revela que se puede cambiar la vida que llevamos por una vida que nos haga más feliz y en su desarrollo explica los pasos que hay que ir dando para cambiar los aspectos de ella que consideramos negativos.

No os voy a negar que me vi reflejada en algunos aspectos de la novela, me imagino que todas hemos tenido momentos de agobio, de duda, de desesperación, de sentirse incomprendida…y de culpar o responsabilizar a los demás de ello.  Que sea posible cambiar nuestra vida no significa que sea sencillo, que más nos gustaría que poder deshacernos de todas las cosas impuestas y tener medios para llevarlo a cabo, pero aunque no sea posible dar a nuestra vida un cambio radical de un día para otro, sí que podemos hacerlo poco a poco, intentando pequeños cambios que nos hagan algo más felices cada día.

Aunque todos sabemos que en las novelas las cosas siempre son más fáciles que en la vida real y a pesar de que no espero que se produzca un vuelco en mi vida, creo que voy a intentar aplicar algunos de los consejos del rutinólogo.

En el libro nos animan a “hacer el gato”, se trata sencillamente de concedernos un ratito solo para nosotras, un momento plácido y tranquilo, bien anclado en el instante presente, en el que podemos estirarnos, bostezar, dejar que nuestras ideas floten, simplemente concentrarnos en el ser en vez de en el hacer. También nos recomiendan tener “instantes de gratitud”, es decir, agradecer todos los días lo que la jornada nos ha traído de positivo, desde el detalle más insignificante como el placer de una taza de café al levantarnos hasta la dicha más grande. Cuenta que viene muy bien tener una play list de power songs, esas canciones que cada una sabemos que nos suben la moral y nos dan energía. El pensamiento y la actitud positivas son dos aspectos importantes, permanecer erguido, sonreír, no poner mala cara, ver la parte positiva en vez de quejarse y desanimarse, enunciar las frases en modo positivo. Para luchar contra la tendencia a la negatividad, nos invitan a tener una hucha en la que meter un euro cada vez que nos dejemos llevar por un pensamiento negativo o estéril.

En el poco tiempo que ha pasado desde que leí el libro, todos los días hago el gato, os confieso que los primeros días me costaba mantenerme despierta, me ocurría lo mismo que en esos minutos que se dedican al final de las clases de yoga o Pilates a relajarse, pero ahora, los disfruto conscientemente. Actitudes negativas nunca he tenido, por lo menos no soy consciente de haberlas tenido, sigo dando las gracias todos los días por esas pequeñas cosas que a veces nos alegran, ya os hablé de ello aquí, y estoy trabajando en una power list…. ¡Por intentarlo, que no quede! Dentro de un tiempo os cuento.

Hasta pronto,

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