Querido 2019,

Te escribo para despedirme como te mereces, ya sé que hace unos cuantos días que te has ido, pero quería dedicar un tiempo a ordenar mis recuerdos.

En este tiempo en el que te ha tocado vivir, en el que todo es de usar y tirar, parece que estamos más pendientes del futuro que del presente y tenemos la costumbre de olvidarnos muy pronto del año que estamos viviendo para empezar a pensar en el próximo. Nos parece del todo normal que el mes de Diciembre lo dediquemos, casi por completo, a pensar y planificar el año que va a empezar. Por todos los lados nos bombardean con lo que va a venir: las revistas nos anuncian qué parejas se van a casar y qué bebés van a nacer, los periódicos nos pronostican cambios de gobierno o nuevas leyes, cuando no catástrofes, leemos sobre la que va a ser la dieta del año, sobre los nuevos cortes de pelo y sobre los destinos que no podemos perdernos, el otro día leí cuales van a ser las cirugías más solicitadas en 2020 ¿te lo puedes creer? A mí me da la sensación de que por no querer perdernos nada, nos perdemos una cosa: el presente, el hoy, lo único cierto. Nos venden mil agendas y dietarios en los que programar el nuevo año y apuntar nuestros propósitos, metas y objetivos. Si esto ya era casi obligado cada inicio de año ¡imagínate este que además empieza una nueva década! (bueno, no todo el mundo está de acuerdo con este hecho, no sé si te habrás enterado, el mundo se divide entre los que creen que este año empieza una década y los que piensan que se termina, lo mismo que ocurrió en el año 2000 con el inicio del milenio…)

No digo que todo esto no esté bien, al final todos necesitamos ponernos objetivos a futuro y tener alicientes que nos hagan esperar con ilusión un nuevo año, pero… ¿y el que se está yendo? En mi opinión vivimos demasiado deprisa, ya ni siquiera podemos esperar a que termine el año para empezar el siguiente. ¿Tú qué opinas? ¿No te parece que tendemos a malgastar el presente pensando demasiado en el futuro? Será que me estoy haciendo mayor, pero a mí, desde hace unos años me gusta más hacer balance. No quiero decir con esto que no me guste mirar al futuro y ponerme metas que alcanzar y con las que ilusionarme, quiero decir que también me gusta echar un vistazo hacia atrás, hacia lo vivido y hacer recuento de lo bueno y de lo malo que me has traído, sacar conclusiones y fijar bien los recuerdos en mi memoria con el fin de revivir lo bueno y tratar de no repetir lo malo, y una vez hecho esto, entonces sí, plantearme cómo me gustaría vivir el nuevo año y ver qué metas u objetivos puedo plantearme.

Ya he hecho balance y en general no me puedo quejar, has sido un buen año, me has traído muchas cosas buenas y algunas muy buenas: buenos libros, buenas pelis, muchos cafés en sitios bonitos, algunos viajes, la boda de unas personas muy especiales…, diría que solo me has dejado una cosa mala, pero tan mala, que no puedo quedarme con un buen recuerdo de ti. Ya sé que no es culpa tuya, las cosas ocurren, pero a pesar de ello, en mi agenda vital quedarás, no como un mal año, sino como un año triste.

Siento ser tan sincera, no pienses por ello que soy una desagradecida, sabes que no es así, valoro mucho y aprecio todas las cosas que he vivido, las guardo en mi memoria y todas ellas harán que las recuerde unidas a ti. Ahora ya es momento de dejarte marchar, y empezar a pensar en el año que acaba de empezar ¡espero que 2020 responda a mis expectativas! Con que sea la mitad de redondo de lo que parece, me daría por satisfecha.

Hasta siempre,

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