Me gusta mucho San Valentín, lo confieso abiertamente. No me afectan las críticas de los que lo tachan de ser un día dedicado al consumo y me da igual que algunos digan que es un invento del Corte Inglés, creo que es bueno que, por lo menos una día al año, lo dediquemos a pensar en el amor. Me consta que más de un enfado se ha terminado ese día y no pocas parejas se han reconciliado en San Valentín, así que aunque sea solo por eso, ya merece ser celebrado.

No os penséis que soy una romántica empedernida, ni una de esas personas que lo llena todo de corazones, pero el 14 de febrero me parece un día especial. Siempre pongo algún recorte o alguna pegatina relativa a este día en la agenda y me gusta felicitar a mis amigas o a mis compañeros de trabajo. Huelga decir que me gusta hacer y recibir algún regalito. Es uno de esos días diferentes que me “obligan” a salir un poco de la rutina.

Ahora bien, dicho todo esto, también quiero decir que en mi opinión el amor, el amor de pareja, el amor romántico como algunos lo califican para distinguirlo de otros tipos de amor, está sobrevalorado. ¡Ahí va lo que he dicho!

Me explico. No quiero decir con esto que el amor no sea maravilloso, no discuto lo bonito que es querer y que te quieran ¡siempre que sea recíproco, claro! El amor unidireccional duele, aunque no tengo claro qué es peor, si amar y que no te amen o ser amado sin que tu sientas lo mismo. A lo que me refiero es a los “superpoderes” que algunos se empeñan en adjudicarle al amor, a esa falsa creencia de que el amor lo puede todo, a esa afirmación de que si hay amor todo lo demás se supera, a esa sentencia de que “lo importante es que os queráis” y a esa manía de hacernos creer que el amor es suficiente.

¡Pues no, el amor no es suficiente! Es maravilloso, sí, pero no es capaz de todo, de hecho, yo creo que es capaz de muy pocas cosas.

Dando vueltas a esta idea, me vino a la cabeza una anécdota de cuando era adolescente. En aquella época en la que empezábamos a conocer el amor, las relaciones de pareja no eran como ahora. El noviazgo duraba hasta que podían casarse y una vez casados iniciaban la convivencia, no era habitual que hubiera una convivencia previa al matrimonio, solo algunos adelantados a su época lo hacían. Recuerdo que mi mejor amiga de entonces siempre decía que ella antes de casarse quería convivir un tiempo. Contaba horrorizada la posibilidad de que una vez casada descubriera, por ejemplo, que no soportaba ver a su marido lavarse los dientes. A nosotras aquello nos resultaba divertido: “¡que tontería!” le decíamos. Creíamos que cuando estás enamorada eso no importa y aunque importara, era sencillo evitar esa situación: “¡Te vas al otro baño!”

Mi preocupación sin embargo era otra. Mi miedo era enamorarme de la persona equivocada. Con equivocada no quería decir una mala persona o una persona complicada o que no supiera quererme, me refería a una persona con la que no encajara. Alguien con distintas costumbres, con distinta ideología, con distintas aficiones, una persona con la que fuera incompatible. Y a mí también me decían lo mismo: “Lo importante es que te quiera mucho”.

Cuento esta anécdota porque con el paso de los años he ido descubriendo que ninguna de las dos preocupaciones era una tontería.

¿Os habéis parado a pensar en que hay personas que comparten piso durante años sin grandes problemas y sin embargo muchísimas parejas no superan la convivencia?  Es algo que siempre me ha llamado la atención, lo mismo que esas amistades que duran toda la vida y se fortalecen con el paso del tiempo mientras que las parejas por lo general se resienten mucho antes.

He pensado mucho sobre esto y he llegado a la conclusión de que la razón de esto es que la amistad normalmente surge de la compatibilidad, de la afinidad, de compartir cosas, momentos… El amor, sin embargo, es otra cosa, muchas veces también surge de la afinidad, pero otras no se sabe muy bien porqué surge, pero surge y te enamoras de quien te enamoras, y te enamoras mucho, y darías la vida por esa persona, pero a veces… ¡“no soportas como se lava los dientes”!

Si hacemos caso de esas cosas que siempre hemos oído sobre el amor, dudamos y hasta nos sentimos culpables ¿será que no amo lo suficiente? No, nada de eso, lo único que ocurre es que el amor no lo arregla todo, por mucho que quieras y requieras la cosa no cambia y entonces, una vez comprobado que es otra de las cosas que se empeñan en hacernos creer, y que lo que no arreglemos nosotros nadie lo va a arreglar, toca decidir si a pesar de todo nos merece la pena y nos compensa, y si la respuesta es sí, pues…  ¡“irte al otro baño”!

Siempre habrá quien nos diga, sobre todo esas personas que se jactan de no celebrar el 14 de Febrero porque para ellos San Valentín es todos los días del año, que si no lo puede todo, entonces no es amor, pero… ¿quién define el amor?

Hasta pronto,

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Foto: Portada del libro “Three more novels of Ronald Firbank” realizada por Andy Warhol

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